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La Eutanasia

LA EUTANASIA

 

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ATENTADOS CONTRA LA PERSONA HUMANA

 
Es otro grave atentado contra el derecho a la vida. Nadie tiene derecho a disponer de la vida de otro y ni siquiera de su propia vida. Solo Dios es el único Señor de la vida. Para Él no hay vidas inútiles. Nadie viene al mundo por casualidad. Toda vida humana tiene un sentido y una finalidad en sus planes divinos. Como dice el Papa Juan Pablo II: "La vida humana, aunque débil y enferma, es siempre un don espléndido del Dios de la bondad" (Familiaris Cconsortio 30). No se puede hablar de matar "por piedad" a los niños que nacen con graves deficiencias o a los ancianos en estado terminal o a quienes estén ya desahuciados, quizás sea más exacto hablar de comodidad de la familia, de evitarse sacrificios y dispendios económicos.

En una palabra, hablar de egoísmo, que procura librarse de todo lo que le molesta, porque falta, precisamente, piedad y amor. Frecuentemente, se dan casos de familias que deciden interrumpir tratamientos sencillos y poco costosos como el equipo de oxígeno
  o la sonda para alimentar al enfermo, para que muera "de una vez". Pero esto no se puede justificar, es falsa piedad, que más bien busca evitarse molestias por tiempo indefinido. ¿Qué sabemos nosotros de los planes de Dios? ¿Acaso no puede seguir bendiciendo al enfermo en ese estado terminal o darle una oportunidad para arrepentirse y purificarse?
 
Ahora bien, la Iglesia acepta que puedan interrumpirse tratamientos médicos muy costosos, peligrosos o desproporcionados a los resultados que se puedan obtener, aunque pueda venir la muerte de modo natural. Las familias no están obligadas a estos tratamientos muy costosos, que no pueden afrontar. "Con esto no se pretende provocar (directamente) la muerte, se acepta sólo no poder impedirla. Estas decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente" (Catecismo 2278). "El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana, si la muerte no es pretendida ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable" (Catecismo 2279).
 
Fuera de estos casos, no se puede aceptar la eutanasia y mucho menos legalizarla. En este caso, se miraría con desconfianza al médico que tiene la misión de sanar y no de matar. Además habría casos en que podría tomarse esa decisión para evitarse problemas, para apropiarse cuanto antes de la herencia, eliminar testigos incómodos o enemigos indeseables, competidores peligrosos, familiares molestos o para aprovechar sus órganos cuanto antes.

Si vemos los hechos concretos, la ley de la eutanasia, dada en 1939 por el III Reich de Hitler, envió a la muerte a 100,000 personas minusválidas, y no necesariamente en estado terminal, por considerarlas sin valor y económicamente inútiles. Actualmente, en Holanda, donde se ha aprobado esta ley, el 2% de las muertes son por eutanasia, lo que significa 18,000 personas al año. Por eso, la Iglesia ha hablado sobre este asunto de tanta actualidad, pues en muchos países se pretende ya legalizarla. Dice Juan Pablo II: "De acuerdo al magisterio de mis predecesores y en comunión con los obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la ley de Dios en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el magisterio ordinario y universal" (Evangelium Vitae 65).

"El aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar" (Evamgelium Vitae 73). Por eso, en caso de campañas públicas para legalizarlas o para cumplirlas, si ya están legalizadas, no hay que seguirlas por respeto a nuestra propia dignidad y a la de los demás. "En caso de una ley injusta, que admita el aborto o la eutanasia, nunca será lícito someterse a ella ni participar en campañas de opinión en favor de una ley semejante ni darle el apoyo del propio voto" (Evangelium Vitae 73).
 
Nunca me olvidaré del caso que leí en una revista. Ocurrió en Estados Unidos. Un papá fue al hospital a ver a su hijo recién nacido y, al ver que había nacido mongólico, lo tomó en sus brazos y, desesperado, le golpeó la cabeza contra el suelo y lo mató. ¿Acaso ese niño no tenía derecho a vivir? ¿Acaso su vida no valía nada? Muchas veces, hablamos de los derechos humanos como si la mamá tuviera derecho a abortar o los padres pudieran tener derecho a practicar la eutanasia con sus hijos que nacen enfermos.... ¿Y el niño no tiene derechos? ¿Y dónde están los derechos de Dios? ¿Acaso ese niño no es hijo de Dios, a quien ha creado con infinito amor? ¿Quién puede arrogarse el derecho de matar y quitar la vida de otro? ¿Acaso se puede justificar el matar "por piedad"? ¿para que no sufra? Quizás Dios pudiera decirnos, como a Caín: "La sangre de tu hermano, está clamando a Mí desde la tierra" (Génesis 4, 10).