2710494 - 6178618 Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

1c. UN HOMBRE NUEVO

 TESTIMONIOS DE LA PENITENCIA POR AMOR !!!!  

  

1c. UN HOMBRE NUEVO

 

Pic 2

En nueve ocasiones estuve al borde de la muerte
y Dios me daba siempre otra oportunidad

“Durante 46 años hice lo que quise con mi vida. A pesar de crecer en un hogar católico y de estudiar en colegio de Franciscanos, nunca tuve una relación íntima con Dios y mucho menos llevé una vida acorde a los mandamientos de la Santa Madre Iglesia. Nunca le di gracias al Señor por los triunfos que alcanzaba, creyendo que eran obra de mi propio esfuerzo y que Dios no tenía nada que ver.

“Motivado por la codicia, aposté todo mi patrimonio, el de amigos y familiares en inversiones muy rentables, pero muy riesgosas y como era de esperarse, lo perdí todo de un día para otro.

“Gracias a la quiebra económica, caí en una depresión severa. La angustia y el desespero eran la constante diaria. Todos los amigos de la bonanza se alejaron. El noviazgo se terminó. Aumentaron las llamadas de los acreedores, de los bancos, amenazas de embargo y hasta amenazas de muerte de personas muy allegadas.

“Por pura casualidad, una prima que ha sido un “faro en la oscuridad” me habló de la Fundación Creo. Llegué en un momento crucial; allí me recibieron y atendieron con profundo amor y ternura. Me hicieron una propuesta que al aceptarla, transformaría toda mi existencia, cambió mi llanto por alegría. La propuesta era, nada más ni nada menos que La Penitencia por Amor .

“No me sentía capaz de cumplir ni siquiera la mitad del reto que se me presentaba. ¿Misa diaria y Rosario diario? Llevaba varios años peleado con Dios, acusándolo de todos mis males, calamidades y desgracias. Uno de los motivos de mi rebeldía fue la negativa del Tribunal Eclesiástico de Bogotá de concederme la anulación de mi primer matrimonio. Yo tenía una buena intención, casarme por el rito católico con mi segunda esposa. Pero Dios tenía otros planes para mí. Ahora lo comprendo: mi segundo matrimonio terminó a los ocho años en medio de demandas, peleas y amenazas. Dios no quería que me casara nuevamente y yo no lo quería entender. Dios es perfecto.

“Sin embargo, hice las cuentas para saber cuándo terminaría La Penitencia por Amor , por si la empezaba en esos días. Por casualidad finalizaría el 23 de diciembre de 2009. Pensando que sería la primera Navidad de mi vida que recibiría al Niño Dios en un estado de pureza y bendición, tomé una de las mejores decisiones de mi vida. Empecé mi primera penitencia por amor.

“Me preparé para la Confesión de Vida, reflexionando sobre los pecados que había cometido y empecé a recordar cuánto daño me había causado y le había causado a otros. Esa tarde, con el sacerdote y después a solas, lloré como un niño chiquito. Confesé más de 95 pecados que identifiqué en el listado. Toda la soberbia, la avaricia, la lujuria, la gula, el alcohol, la promiscuidad, el mal genio, la envidia y la codicia que había en mi vida. Creo que me quité 95 kilos de encima porque me sentí liviano y aliviado, como si hubiera dejado en el confesionario, un morral lleno de piedras y ladrillos que frenaban mi vida, como un ancla que detiene a un buque.

“Cada día cumplía con la Eucaristía y recordaba los episodios más impactantes de ese año de vida. Con el Rosario sentía una paz y una tranquilidad que nunca había experimentado. Recordé en la Misa 26 y en la 30, los dos accidentes aéreos a los que sobreviví y que hubieran podido causarme la muerte. En las Misa 21 y 24, recordé los disparos que impactaron el helicóptero que volaba sobre la guerrilla y que estuvieron a punto de derribarme o herirme. En la Misa 37, recordé el atraco callejero cuando invoqué a la Santísima Virgen al ver que me apuntaban con el arma que acababa de herir a mi hermano y me disparaban a menos de tres metros. No me tocó el proyectil. En la Misa 22 y 25, recordé el nacimiento de mis hijos, que nacieron sanos y fuertes. En la Misa 32 y 43, recordé los dos divorcios dolorosos que había sufrido. Y así, con todos los años de mi existencia. En una ocasión, sentí que la Santísima Virgen María me abrazaba, fue un abrazo de Amor y Ternura, que realmente necesitaba. En otra ocasión, sentí que Nuestro Señor Jesucristo me sonreía desde la cruz. Me sentí amado y protegido.

“Caí en la cuenta de que he estado muy cerca de la muerte durante nueve ocasiones y que solo la mano divina impidió un desenlace fatal. Dios me salvó y me permitió vivir para cumplir una misión en este mundo. Me di cuenta de que la oración constante y con Fe da frutos maravillosos solo si tomo la decisión de transformar la existencia, dejando atrás el pecado del hombre viejo y empezando una vida pura y transparente como un hombre nuevo.

“Empecé a pedirle a Dios que solucionara todos mis problemas, especialmente los económicos ya que la situación era muy difícil. Aprendí que en el silencio, podía escuchar lo que Dios tenía para decirme. Solo tenía que apagar el televisor, dejar la música ruidosa y disponer mi corazón para escuchar las respuestas.

“Le pregunté a Jesús ¿qué necesitaba de mí y qué quería que hiciera?, me ofrecí voluntario y disponible para cumplir lo que Él necesitara. Recibí una respuesta sorprendente y aterradora: “Yo no necesito de ti, tú eres quién necesita de mí, deja la soberbia y la autosuficiencia”. Esas palabras, sin voz alguna, las sentí en mi corazón.

“Una mañana, en oración y en silencio, le pregunté al Señor que podía ofrecerle en agradecimiento por todos los favores recibidos. Y la respuesta no se hizo esperar, contundente, imperativa: “Quiero tu castidad”. Solo supe responder que se la ofrecía con todo mi corazón. ¿Yo, el promiscuo, ofreciendo mi castidad?

“En otra ocasión, sentí que el Señor me pedía que dejara la soberbia y la autosuficiencia y empezara a ser humilde. También me pedía que solucionara todos los conflictos con aquellas personas que tenían asuntos pendientes conmigo. Me reconcilié con mis hermanos, con quienes tenía un conflicto por la herencia que nos dejaron nuestros padres y que yo había dilapidado en las inversiones fabulosas. Perdoné a mi vecino, con quién mantenía disputas desde hacía varios años y el vecino me perdonó también.

“Entendí que si yo quería que Dios me perdonase, debía perdonar al prójimo. Con el dinero ocurría lo mismo. Busqué a un amigo que me debía dinero y no me pagaba, para perdonarle su deuda conmigo. Ese día, el enemigo malo me tendió un par de trampas para que no pudiera encontrar a mi amigo y perdonar su deuda. Gracias a Dios, no pudo impedir que yo hiciera la voluntad del Señor Jesucristo que nos enseñó en la oración. Perdona nuestras deudas así como perdonamos a los que nos deben.

“Hoy en día soy un hombre nuevo, transformado, que vive feliz en el mundo a pesar de los problemas. Estoy acompañado del mejor amigo, que nunca me abandona y siempre me protege: Jesús. Entendí que en la transformación personal está la mano de Dios y que sólo con la fuerza del Espíritu Santo podemos vencer a nuestras debilidades y podemos alcanzar la verdadera felicidad.
“Al desprenderme de las cosas materiales, me permito volar con facilidad hacia la meta del Cielo en donde encontraremos la verdadera dicha y el verdadero gozo. Al plantear una relación íntima y personal con Dios, encuentro respuestas concretas y amorosas para las crisis mundanas. Aparte de la religiosidad y los rituales, encontré en la Iglesia Católica las enseñanzas para una vida santa y pura. Puedo ser Santo, puedo ser Puro, tengo derecho a ser perdonado a pesar de mis pecados, tengo derecho a iniciar una vida nueva, a comenzar de nuevo. Puedo desprenderme de aquellos apegos que me anclan al mundo y que no me dejan alcanzar la Vida Eterna. Puedo encontrar la felicidad en las cosas sencillas, alejadas del Poder, del Dinero, y la Lujuria.

“Ya no vivo por las cosas del mundo. Ya no me interesan. Sólo me interesa mantener mi amistad con un nuevo amigo, el mejor amigo: Jesús. Sólo manteniendo una relación íntima y personal con Dios Padre, Dios hijo y Dios Espíritu Santo puedo encontrar la verdadera felicidad”.

J.A.